La hora de la República Andaluza

El comunicado de Juan Carlos I anunciado su huida es la gota que colma el vaso del despropósito de gestión del gobierno desde que tuviésemos las primeras noticias sobre las corruptelas del emérito. La monarquía española es legalmente irresponsable y por tanto las responsabilidades políticas sobre la institución hay que exigírselas al Gobierno. Obviamente no hago responsable al presidente de las fechorías del padre del Rey, pero si de la gestión de la crisis institucional generada tras destaparse el escándalo.

 

La actitud del presidente del Gobierno es inasumible desde un punto de vista democrático. Limitarse a aplaudir los tímidos gestos de Felipe VI como la renuncia a la herencia del emérito o la retirada de su asignación en los presupuestos de la casa real, son una burla en comparación con la dimensión de los hechos conocidos. Pero sin duda, lo que ya es intolerable es el apoyo a la huida de Juan Carlos I.

 

El exrey se ha revelado un depredador, un ladrón de guante blanco que ha utilizado los privilegios otorgados por la dictadura y blindados por los poderes facticos para satisfacer sus caprichos y bacanales. La sordidez de los hechos, que estriba en gran parte en la supuesta ejemplaridad que debía ejercer el monarca, exigen del gobierno contundencia en su relato al respecto. Insisto en que es intolerable la tibieza del PSOE en el Gobierno que, sin duda, defrauda también a gran parte de su electorado.

 

Estamos ante un cambio de ciclo, un punto de inflexión histórico, y las circunstancias y el momento son idóneos para plantear un el debate sobre el referéndum. El PSOE, si bien no por una cuestión de principios, sino al menos en un movimiento estratégico, debería arriesgarse y abordar el debate con valentía. La cohabitación con Podemos en el Gobierno, en cuyas bases el rechazo a la monarquía genera un gran consenso, puede provocar que los morados capitalicen el discurso pro-republica y ensanchen su base electoral en el futuro a costa de los socialistas republicanos.

 

Por otra parte, desde el punto de vista sociológico, el cambio generacional debe ser un factor que favorezca el debate. A estas alturas la generación milenial ha alcanzado la trentena sin la herencia y vinculación al mito de la transición y la contaminación del relato interesado del papel de “adalid” de la democracia de Juan Carlos I.

 

Las izquierdas soberanistas del Estado tenemos la responsabilidad de presionar a la izquierda estatal en el Gobierno para que dé pasos valientes, fiscalizando el papel de Juan Carlos I durante su reinado (permitiendo por ejemplo la investigación en el Congreso) y aprovechando la coyuntura para plantear las bases del debate sobre la monarquía.

 

El andalucismo, como siempre, va a defender la republica andaluza como modelo político de colaboración con el resto de naciones del mundo, y por ello entendemos que el momento es propicio para fomentar el debate sobre un referéndum que nos permita conquistar una democracia real. Monarquía parlamentaria es un eufemismo de democracia, porque sin república esta no existe.

 

 

Por Antuan Vargas, Coordinador Nacional de Izquierda Andalucista.